Aunque muy difícil que parezca es así, y además tenemos la posibilidad de resetearnos cada noche para empezar de nuevo, y afrontar un nuevo día con la única posibilidad de hacer lo que queramos, o en lo que creamos, y de ser felices.

Pero el genero humano y su inmensa capacidad de autodestrucción lleva otro camino. Desde el momento en el que pones el pie en el suelo, empiezas a llamar a los recuerdos de ayer, y de antes de ayer, pero no a los buenos, llamas a los recuerdos que te destruyen, y poco después pones la tele, o escuchas la radio, tu equipo de fútbol ha perdido, o ha ganado, la política, los sucesos…, discusiones familiares desde primera hora muchos días, y sales a la calle con muchas posibilidades de que ese coche te haga una pirula, o de que pierdas el metro o el autobús, y si empieza así el día…., como irá sucediendo, y al final del día, lo acabas, que gusto, no? que he hecho hoy!?! pasar por esta vida de puntillas…, que nadie se entere que estoy aquí, no vaya a ser que….

Y si empezamos por cambiar nuestro pequeño mundo? Las pequeñas cosas que tenemos alrededor? Desde que leí a Wayne Dyer cada mañana, nada más levantarme, antes de empezar a pensar digo “gracias, gracias, gracias” por lo que ha pasado, y por lo que va a pasar ese día.

Empiezo a gestionar mis emociones, qué nada me altere mi micromundo, y de esta forma, podré ayudar yo a mi micromundo, y quién sabe, a lo mejor ese micromundo va creciendo poco a poco, y sin darte cuenta, tu actitud ayuda a muchas personas.

Como decía Mafalda, paren este mundo que me bajo…., no más vidas pasajeras, necesitamos pilotos.

Súbete que te llevo 😉

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